11/05/2026

El lago de los cisnes es aclamado en su estreno en Covent Garden

0
15266659509308

El público que abarrotaba la Royal Opera House en la noche del jueves para el esperadísimo estreno de la nueva puesta en escena de El lago de los cisnes del joven coreógrafo de la compañía, Liam Scarlett, no pudo contener su emoción antes de que terminara. Y se lanzó a no parar de aplaudir a Marianela Núñez y Vadim Muntagirov, en las pieles de la pérfida Odile y el Príncipe Sigfrido, tras su impecable ejecución del paso a dos del cisne negro.

Al terminar el ballet en su estreno del jueves, nadie se quería ir del teatro de Covent Garden. En pie, jaleando a la estrella argentina y al astro ruso, insistían en que los saludos continuarán, aplaudiendo durante casi 15 minutos y cubriendo a los bailarines y al coreógrafo con flores lanzadas desde los palcos. Celebraban así el nacimiento de un nuevo Lago, que seguro vivirá varias décadas, programandose, como suelen hacer en el Royal Ballet, cada dos años.

Han pasado 30 años desde el estreno del Lago coreografiado por el anterior primer bailarín de la compañía, Anthony Dowell, y ya en sus últimas representaciones en 2015, la crítica británica pedía a gritos una nueva producción, no porque ésa fuese antigua, sino por muchas de sus inconsistencias, como, por ejemplo, que los cisnes no vistieran tutú, sino falda larga más al estilo Giselle.

El director del Royal Ballet, Kevin O’Hare, tenía claro que era el momento de revisar el icónico clásico de Tchaikovsky, Petipa e Ivanov, el más famoso ballet de todos los tiempos y, muy a tener en cuenta, un valor seguro para la taquilla: los clásicos siguen vivos porque el público quiere verlos. Del 18 al 22 de julio, además, Madrid será la primera ciudad, después de Londres, en acogerlo, en el Teatro Real, y, antes, el 12 de junio, se podrán apreciar los exquisitos detalles de su coreografía, magnífico vestuario y escenografía en los cines de toda España, por su emisión en directo con Núñez y Muntagirov también protagonizando.

Este Lago va a convertirse en otro de los títulos gloriosos del Royal Ballet porque en esta nueva puesta en escena se ha insistido en lo que muchas veces en otras culturas, como en la española, no se cuida, al menos en el terreno del ballet y la danza española: hay que atesorar la tradición y, si se toca, que sea respetando lo que funciona e intentando mejorar aquello que lo necesite.

A sus casi 32 años, el coreógrafo Liam Scarlett ha declarado que su intención no era reinventar El lago de los cisnes sino rendir un homenaje a la historia de este ballet en Covent Garden y a la definitiva producción de Petipa e Ivanov en el Mariinsky de San Petersburgo, en 1895, de la que han bebido todas las versiones realizadas en el siglo XX.

Su labor, además de restaurar partes de la partitura de Tchaikovsky, a menudo eliminadas de otras puestas en escena, ha sido en el primer acto, el vals y las danzas de carácter, excepto la Danza napolitana, que se mantiene en la coreografía del gran tótem británico, Sir Frederick Ashton. También ha reestructurado el cuarto acto, añadiendo un paso a dos en el que el cisne blanco sabe que su destino está marcado, por la traición de Sigfrido al haber pedido matrimonio al cisne negro, además de buscar significados más profundos en los protagonistas, sobre todo en el Príncipe y Von Rothbart, quien inicia la acción en el prólogo, robándole la corona a la princesa y convirtiéndola en el cisne protagonista de este eterno título de la historia del ballet.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos + 13 =