20/04/2024

Rosácea: causas, síntomas y tratamiento

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mujer con rosácea mirándose al espejo

La rosácea es una afección dermatológica crónica e inflamatoria que se caracteriza por el enrojecimiento de ciertas áreas del rostro especialmente las mejillas, nariz, frente y barbilla. En algunas ocasiones puede extenderse al cuello y al pecho. Además de esta inflamación, puede causar hinchazón, manchas rojas, denominadas pápulas, y pequeños vasos sanguíneos visibles. A pesar de que es una afección benigna y no pone en riesgo la vida, puede impactar psicológicamente el bienestar de la persona que la padece.

Contenido

Síntomas de la rosácea

El espectro de síntomas es amplio y variado, y puede fluctuar significativamente de una persona a otra e incluso, con el tiempo, en la misma persona. Por este motivo, conocer en detalle estos síntomas no solo ayuda a reconocer la enfermedad, sino también a manejarla más eficazmente.

Síntomas primarios

Los principales síntomas de la rosácea son:

  • Eritema facial persistente. El enrojecimiento crónico (eritema) es uno de los signos más emblemáticos. A menudo se centra en la nariz y las mejillas, aunque también puede extenderse a la frente y la barbilla.
  • Telangiectasias. Conocidas comúnmente como “arañas vasculares”, son pequeños vasos sanguíneos dilatados que se hacen visibles bajo la superficie de la piel. Aunque no son dolorosas ni perjudiciales, su presencia puede ser de preocupación cosmética para muchos pacientes.
  • Pápulas y pústulas. Son granos rojos sólidos (pápulas) y lesiones llenas de pus (pústulas) que pueden asemejarse al acné. Pero en el contexto de la rosácea no están asociadas con comedones (espinillas o puntos negros).
  • Edema facial. Algunos pacientes pueden experimentar hinchazón en las zonas del rostro afectadas por el eritema, que puede ser transitorio o persistente.

Síntomas secundarios

También pueden aparecer otros síntomas como:

  • Sensación de ardor o picazón. La piel a menudo puede sentirse caliente al tacto y presentar sensaciones de ardor o picazón, lo que agrega una capa de incomodidad física a la afección.
  • Piel seca y escamosa. En muchos casos, la piel puede tornarse notablemente seca y escamosa, particularmente en las áreas de enrojecimiento y bultos.
  • Rinofima. Aunque es menos común y generalmente se desarrolla en etapas más avanzadas, es el engrosamiento de la piel de la nariz, lo que puede llevar a una deformidad apreciable.
  • Problemas oculares (rosácea ocular). Hasta en el 58% de los pacientes con esta afección, pueden experimentar síntomas oculares, incluyendo ojos rojos y llorosos, sensación de cuerpo extraño, visión borrosa, y párpados inflamados o con costras.

Además de los síntomas físicos, es importante reconocer el impacto psicosocial de la rosácea. Puede afectar significativamente la autoestima y el bienestar emocional, generando estrés, ansiedad, y en algunos casos, depresión debido a preocupaciones estéticas y al manejo del estigma social asociado a las manifestaciones visibles de la enfermedad.

Causas de la rosácea

La causa exacta es desconocida, aunque se sugieren varios motivos que pueden tener un papel en su desarrollo. Al ser una afección con una base de alteraciones vasculares e inflamatorias, hay factores que pueden desempeñar un papel en su aparición o exacerbación. Así, las personas con piel clara, entre 30 y 50 años, generalmente mujeres, están en mayor riesgo de desarrollarla. Además, los antecedentes familiares de rosácea o acné también pueden ser un factor de riesgo.

  • Factores genéticos. Las personas con antecedentes familiares tienen una probabilidad más alta de desarrollar la enfermedad, sugiriendo una heredabilidad significativa.
  • Fluctuaciones hormonales. Especialmente las que ocurren durante la menopausia, el embarazo y la menstruación.
  • Estrés emocional. Los mecanismos podrían incluir la liberación de péptidos relacionados con el estrés y otras mediaciones químicas que pueden contribuir a la inflamación y al enrojecimiento.
  • Consumo de alcohol y comidas picantes.
  • Factores ambientales. La exposición a temperaturas extremas, el sol o el viento puede agravarla. La radiación ultravioleta, en particular, puede dañar la dermis, debilitando la función de barrera de la piel y exacerbando la inflamación y el enrojecimiento.
  • Respuesta anormal del sistema inmune. Se ha visto una sobreactivación del sistema inmunitario y una respuesta inflamatoria exagerada en los pacientes con esta afección, lo que sugiere que las disfunciones inmunitarias podrían estar detrás de esta afección de la piel.
  • Factores vasculares. Estos pacientes suelen tener una mayor sensibilidad vascular, lo que lleva a una mayor dilatación de los vasos sanguíneos y, posteriormente, al enrojecimiento característico y a la visibilidad de los vasos.
  • Ciertos cosméticos o productos para el cuidado de la piel.

Tipos de rosácea

Hay cuatro tipos (I – IV), basándose en los signos y síntomas que presentan.

1. Eritemato-telangiectásica. Consiste en enrojecimiento (eritema) y a veces pueden verse vasos sanguíneos visibles.

2. Papulopustular. Presenta granos o pústulas inflamatorias rojas.

3. Fimatosa. Engrosamiento de la piel, especialmente alrededor de la nariz (rinofima).

4. Ocular. Afecta los ojos y los párpados pueden estar rojos, inflamados y tener costras.

Diagnóstico

El diagnóstico de la rosácea involucra un proceso minucioso que hace uso tanto de la evaluación clínica como del historial médico del paciente. Dado que no existe una prueba definitiva, los médicos se basan en una combinación de síntomas y signos visibles para llegar a un diagnóstico.

Mujer con rosácea vista de cerca
  • Evaluación clínica. La etapa inicial comienza con un examen físico detallado. El médico especializado, generalmente un dermatólogo, evalúa las características de la piel del paciente, prestando especial atención al enrojecimiento, la presencia de pápulas y pústulas, la visibilidad de los vasos sanguíneos (telangiectasias), y cualquier signo de engrosamiento de la piel.
  • Historial médico. Es fundamental para entender la evolución y la naturaleza de los síntomas. El médico hace preguntas sobre cuándo aparecieron los síntomas por primera vez, si son frecuentes los brotes y si hay factores desencadenantes conocidos que los agraven. También es importante informar sobre cualquier problema ocular, ya que puede afectar los ojos.
  • Identificación de subtipos. Parte del diagnóstico implica determinar si pertenece a uno de los subtipos reconocidos (eritemato-telangiectásica, papulopustular, fimatosa u ocular). Esta clasificación ayuda a orientar las opciones de tratamiento.
  • Descartar otras condiciones. Dado que los síntomas pueden asemejarse a los de otras afecciones de la piel, como el acné, el lupus eritematoso o la dermatitis seborreica, parte del proceso diagnóstico puede involucrar descartar estas otras condiciones. Esto puede requerir exámenes adicionales, como biopsias de piel para examinar bajo el microscopio, aunque estos procedimientos no son comunes.
  • Análisis de factores desencadenantes. Identificar los factores desencadenantes personales puede ser una herramienta valiosa en el manejo de esta afección de la piel.
  • Evaluación ocular. En presencia de síntomas oculares, se puede requerir una evaluación por un oftalmólogo para diagnosticar la rosácea ocular y asegurar un manejo adecuado de esta manifestación de la enfermedad.

Tratamiento de la rosácea

El tratamiento implica un enfoque multifacético, destinado no solo a manejar los síntomas visibles y molestos, sino también a abordar los desencadenantes subyacentes y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Aunque no existe una cura definitiva para la rosácea, los tratamientos disponibles pueden controlar significativamente sus síntomas y la progresión de la enfermedad.

Tratamientos tópicos

Los tratamientos tópicos, aplicados directamente sobre la piel, son frecuentemente el primer paso. Entre estos se incluyen:

  • Metronidazol. Con propiedades antiinflamatorias, ayuda a reducir el enrojecimiento y los brotes.
  • Ivermectina. Eficaz en el tratamiento de los ácaros Demodex, que se han asociado con esta afección.
  • Ácido azelaico. Tiene propiedades antiinflamatorias y reductoras de enrojecimiento, útiles para controlar las pápulas, pústulas y el enrojecimiento.
  • Brimonidina. Actúa reduciendo temporalmente el enrojecimiento al contraer los vasos sanguíneos.

En casos graves y resistentes, donde otros tratamientos han fallado, puede considerarse el uso de isotretinoína oral bajo supervisión estricta de un dermatólogo. Es un medicamento potente utilizado principalmente para el acné severo, pero que en dosis bajas puede ser efectivo para tratar la rosácea refractaria.

Antibióticos Orales

Cuando es moderada a severa, los médicos pueden recetar antibióticos orales para combatir la inflamación. Los más comunes, siempre bajo prescripción médica, incluyen:

  • Doxiciclina. Un antibiótico de tetraciclina que ayuda a controlar la inflamación y las lesiones inflamatorias.
  • Minociclina. Similar a la doxiciclina, también puede ser efectiva para algunos pacientes.

Terapias con láser y luz

Los tratamientos con láser y luz son efectivos para reducir el enrojecimiento persistente, las venas y otros síntomas visibles. Estos incluyen:

  • Terapia con láser vascular. Dirige el tratamiento específicamente a los vasos sanguíneos dilatados en la cara, reduciendo su apariencia.
  • Luz pulsada intensa (IPL). Aunque no es un láser, este tratamiento usa múltiples longitudes de onda de luz para tratar el enrojecimiento y las telangiectasias.

Cambios en el Estilo de Vida y Autocuidado

Los cambios en el estilo de vida y el autocuidado juegan un papel crítico en el manejo de esta afección:

  • Evitar desencadenantes. Identificar y evitar factores desencadenantes conocidos, como alimentos picantes, alcohol, estrés o cambios extremos de temperatura.
  • Protección solar. Utilizar un protector solar de amplio espectro con un SPF de 30 o más todos los días, incluso en días nublados.
  • Cuidado de la piel suave. Usar productos suaves para la piel, no abrasivos, ni astringentes y evitar frotar o tocar excesivamente las áreas afectadas.

Con un enfoque integral, puede ser manejada eficazmente, permitiendo a los individuos llevar una vida normal y reducir significativamente el impacto de esta condición en su apariencia y bienestar general. La clave está en la personalización del tratamiento, enfoque en el autocuidado y cuidado continuo con un especialista en dermatología.

Prevención

La prevención de la rosácea implica una serie de estrategias enfocadas a evitar los desencadenantes que pueden provocar o exacerbar los síntomas. Aunque la predisposición puede estar influenciada por factores que no se pueden cambiar, como la genética, tomar precauciones puede ayudar a minimizar su aparición o la severidad de los brotes. Aquí se detallan algunas medidas preventivas clave:

  • Identificar y evitar desencadenantes. Cada persona puede tener diferentes disparadores para los brotes. Los más comunes incluyen la exposición al sol, el estrés, el clima caliente o frío, alimentos picantes, bebidas alcohólicas, y bebidas calientes. Llevar un diario de la piel puede ayudar a identificar qué factores desencadenantes son relevantes en cada caso particular.
  •  Protección solar. El sol es uno de los desencadenantes más significativos para muchos pacientes. Es esencial aplicar un protector solar de amplio espectro (protección contra los rayos UVA y UVB) con un factor de protección solar (FPS) de 30 o más, todos los días, incluso en días nublados o de invierno. Buscar protectores solares formulados para pieles sensibles puede prevenir reacciones adversas.
  • Cuidado de la piel. Es importante cuidar la piel con suavidad usando productos no irritantes. Esto incluye:
    • Limpiadores suaves: Preferir aquellos en loción o gel diseñados para pieles sensibles.
    • Evitar productos con alcohol, fragancias, y otros ingredientes conocidos por ser irritantes.
    • Aplicar hidratantes formulados para pieles sensibles para ayudar a fortalecer la barrera cutánea.
  • Adaptaciones en el estilo de vida. La gestión del estrés es crucial, ya que puede ser un poderoso desencadenante de los brotes. Técnicas como la meditación, el yoga, el ejercicio regular y asegurar una cantidad adecuada de sueño pueden ayudar a controlar los niveles de estrés.
  •  Alimentación adecuada. Aunque la asociación entre la dieta y la rosácea no está completamente probada, el evitar alimentos y bebidas que desencadenen los síntomas en el individuo es recomendable. Los alimentos picantes, el alcohol, y las bebidas muy calientes son comunes disparadores.
  • Modificaciones ambientales. Tomar medidas para protegerse del frío y el viento durante el invierno, y del calor excesivo en verano, puede prevenir brotes. Esto puede incluir el uso de bufandas o sombreros durante el invierno y buscar la sombra o el aire acondicionado durante los meses más calurosos.

Si bien no todos los desencadenantes son evitables y la efectividad de las medidas preventivas puede variar entre personas, adoptar un enfoque proactivo en el manejo de la rosácea puede mejorar significativamente la calidad de vida de aquellos que viven con esta condición. Así, si crees que puedes tener rosácea te recomendamos que acudas a un dermatólogo. En SaludOnNet contamos con profesionales que pueden ayudarte a vivir con esta afección. Puedes comprar tu consulta sin demasiadas esperas y a precios muy competitivos.

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